El nombre de Oliegos ya aparece en el siglo XII, cuando los vecinos dotaron ampliamente una iglesia y la cedieron al Obispado de Astorga. Éste les concedió un clérigo para hacer los oficios religiosos, y les impuso la contribución de diezmos, con dependencia de la iglesia de Santiago, en Palaciosmil: “decimas et primicias cum omnibus directuris eclesiae pertinentibus praefectae ecclesiae Sancti Jacobi de Palaciomir fideliter offeratis”.
Pero Oliegos ya debía tener entonces muchos siglos de existencia. Su nombre tiene resonancias prerromanas. Tal vez derive del una partícula ol, que tendría un significado de fluir, de donde ha llegado el uso de la palabra olla, en diversos lugares de Occidente como lugar profundo con agua, e incluso barranco encajonado en el que fluye una corriente, como es el caso del río Valle en las inmediaciones. Una segunda posibilidad sería la de un origen vinculado a leuco, que en latín tardío significaba baldío. En catalán llecol sigue siendo terreno pizarroso e inculto, y en el diccionario castellano de María Moliner también aparece liego como erial. Finalmente, la vinculación más hermosa sería con la palabra coleiegus divinidad indígena astur detectada en el Bierzo.
Sea cual sea el origen, aquel pueblo que en siglo XII quería tener su propia iglesia fue creciendo en un bellísimo rincón de la Cepeda, hasta que un fatídico sino truncó su existencia secular.
Hace ahora cincuenta y cuatro años, los hombres de Oliegos recogían su ultima cosecha de centeno, y estaban ya apilando aperos y utensilios para su égira hacia el Sur. La construcción del Pantano de Villameca les obligó a desalojar el valle. En el amanecer del 28 de noviembre de 1945 dejaron su otero y emprendieron camino hacia Valladolid en un tren de 30 vagones para ser transladados a la finca de Foncastín, municipio de Rueda.
Tras aquel censo, Oliegos siguió creciendo lentamente cien años más, hasta su final.
Hoy en día, ya no quedan mas que los restos de lo que en su día fue un pueblo. Cuando el pantano de Villameca no se llena, es muy fácil descubrir los restos de Oliegos en la parte posterior del embalse. Quedan perfectamente dibujadas las calles, los planos de las casas, e incluso se descubre fácilmente el espacio alargado de su vieja iglesia. Al lado del pueblo se detectan los molinos, los cierros de los prados, los puentes y una magnífica calzada.
Adaptación del artículo Viaje a Oliegos de Don Tomás Álvarez
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